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Alberto, me ha enseñado a relativizar. A ver el vaso medio lleno. A ser yo misma sin pensar en si le viene bien o no a los demás. A expresarme sin miedo, a través de un buen abrazo (es un arte eso de abrazar bien), de una carta, de una canción… A no tener miedo ni siquiera a la muerte. Y mira, no soy creyente (católicamente hablando) pero de él he aprendido que se puede tener fe, en las personas, en la energía, en una puesta de sol… Viéndole, cualquiera puede ver el lado positivo de cualquier cosa.
Es fácil que alguien se abra en canal con él porque tiene ese don de escuchar y tranquilizar, no sé si es la voz o la calma con la que habla, pero relaja. A veces, tenerle delante es como tener el reflejo de uno mismo en el espejo, ese que nos da pudor mirar para no ver la realidad por miedo a sufrir. Pero Alberto hace que cualquier persona mire en su interior, pare un momento su vida y se cuestione qué es lo que va mal… No sé, lo que escribo no es porque sea mi amigo (que lo es y de los buenos), es porque en dos momentos de mi vida muy complicados (en el terreno laboral y en el personal), una charla o un momento con él ha sido una vía de escape y un punto de inflexión para enfrentarme a lo que me estaba pasando de otra forma, con optimismo y positivismo. Sí, eso, el positivismo realista es lo que mejor le define.
¡Millones de besos!
Blanca L. (Santander)

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